Venta global de bonos golpea a América Latina y amenaza con presionar a las monedas y la deuda

El repunte de las tasas largas estadounidenses encarece el financiamiento y reduce el atractivo relativo de los mercados emergentes.

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Empleados en la fotografía trabajaban en la sala de operaciones de la nueva sede de Citigroup Inc. en Nueva York, EE.UU.

Bloomberg Línea — El salto de los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense volvió a tensionar a los mercados emergentes y elevó la presión sobre América Latina, en momentos en que los inversionistas recalibran expectativas de inflación, tasas de interés y riesgo global tras la escalada del conflicto en Medio Oriente.

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Aunque el miércoles los rendimientos retrocedieron parcialmente después de la fuerte liquidación de comienzos de semana, el ajuste acumulado en los últimos tres meses sigue mostrando un cambio en el costo global del dinero.

El Tesoro a 10 años ronda el 4,58%, mientras el bono estadounidense a 30 años se mantiene sobre el umbral de 5%, un nivel que el mercado no veía desde antes de la crisis financiera global.

El movimiento no ha quedado restringido a Estados Unidos. En América Latina, los rendimientos soberanos han escalado con fuerza en los últimos tres meses desde Colombia hasta Argentina y México.

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A trader, with toy bulls on his desk, works at the Frankfurt stock exchange, in Frankfurt, Germany, on Friday, Sept. 25, 2009. German stocks fell, erasing earlier advances, after orders for durable goods in the U.S. unexpectedly slumped in August. Photographer: Ralph Orlowski/Bloomberg

Ese ajuste refleja algo más amplio que una reacción táctica al conflicto en Medio Oriente o a la volatilidad energética. El mercado ha comenzado a recalibrar el escenario, lo que ha elevado el piso de los activos libres de riesgo y reducido el atractivo relativo de los mercados emergentes.

“Lo más importante es que el mercado está revalorando la duración, la inflación y la prima de plazo al mismo tiempo”, dijo Jonathan Fortun, economista del Instituto de Finanzas Internacionales.

“Para América Latina, eso significa una tasa libre de riesgo más alta, más competencia por capital global y menos espacio para que los activos locales se beneficien únicamente del carry”, agregó.

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Un nuevo costo del dinero para emergentes

El repunte del petróleo y la escalada del conflicto en Medio Oriente terminaron modificando las expectativas de inflación y de tasas de interés a nivel global.

A medida que el Brent superó los US$110 por barril, el mercado comenzó a descontar que la Reserva Federal podría mantener una política monetaria más restrictiva durante más tiempo o incluso volver a subir tasas.

Ese cambio elevó con fuerza los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense y desencadenó ventas en deuda soberana de otras regiones, ya que los inversionistas empezaron a exigir mayores retornos para compensar el riesgo de inflación persistente y un costo del dinero más alto.

La plataforma de perforación petrolífera en alta mar de Equinor ASA en el yacimiento petrolífero Johan Sverdrup, en el Mar del Norte, Noruega.

Alejandro Rojas, economista senior de Banco de Bogotá, señaló que “a finales de 2025, los agentes preveían un ciclo de recortes en la tasa del Fed que, por la guerra entre Irán y Estados Unidos, parece haber quedado en el pasado”.

La presión inflacionaria ya comenzó a reflejarse en los datos. En marzo, la inflación al consumidor en Estados Unidos subió a 3,8%, su nivel más alto desde mayo de 2023, mientras la inflación al productor alcanzó 6%, máximo desde diciembre de 2022.

Con el Brent proyectado cerca de US$95 por barril para el resto del año, el mercado ha empezado a evaluar el riesgo de un nuevo episodio inflacionario global y un período más prolongado de tasas altas.

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Esa presión sobre los bonos ha alterado una dinámica que durante años favoreció a América Latina. Con tasas bajas en Estados Unidos y Japón, los inversionistas globales buscaron retornos en deuda emergente, monedas latinoamericanas y estrategias de carry trade.

El nuevo escenario empieza a revertir parte de esos flujos y amenaza con golpear a la región, en un impacto que de todas formas no será homogéneo.

Fortun explicó que “países con monedas líquidas, bancos centrales creíbles y curvas locales profundas pueden seguir atrayendo demanda”, especialmente aquellos que mantienen tasas reales positivas. Brasil y México conservan parte de esa ventaja relativa, aunque el margen de maniobra se redujo.

La bandera brasileña en Balneario Camboriu, Brasil, el martes 12 de diciembre de 2023.

La presión es mayor sobre economías con déficits externos elevados, inflación persistente o mayores necesidades de refinanciamiento. En esos casos, el ajuste de tasas estadounidenses se transmite más rápido a monedas, spreads soberanos y financiamiento corporativo.

Agustín Vargas, analista de mercado de Capitaria, indicó que el Tesoro estadounidense “sigue siendo la referencia global para el costo del dinero”, por lo que, cuando las tasas largas en Estados Unidos suben de esta forma, “automáticamente aumentan las condiciones financieras restrictivas para las economías emergentes”.

Ese movimiento también cambia la lógica de asignación global de capital. Durante años, muchos inversionistas aceptaron mayores riesgos para obtener retornos superiores en mercados emergentes.

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Ahora, vuelven a encontrar rentabilidades históricamente altas en activos estadounidenses pero con menor riesgo.

Vargas afirmó que “cuando el Tesoro ofrece retornos más atractivos y con menor riesgo relativo, parte importante del capital global tiende a salir de activos emergentes y volver hacia Estados Unidos”. El efecto suele trasladarse rápidamente a monedas latinoamericanas, costos de financiamiento y volatilidad en renta fija.

El dólar ha comenzado a reflejar esa dinámica. Francesco Pesole, estratega de ING, señaló que la actual venta de bonos está impulsada por inflación y no por temores fiscales, “lo que lo hace inequívocamente positivo para el dólar”.

Producción de billetes de dólar estadounidense.

ING añadió que el atractivo del billete verde como refugio alcanzó su mayor nivel desde finales de 2022.

Además, hay otra consecuencia: la combinación de tasas reales más altas y un dólar fortalecido estrecha el espacio para recortes agresivos de tasas en América Latina. Fortun sostuvo que “el ciclo de recortes en la región no desaparece, pero se vuelve más lento, más condicionado y más dependiente del tipo de cambio”.

Eso ocurre mientras la región todavía enfrenta riesgos inflacionarios asociados al petróleo y al transporte, mientras el Brent se mantiene sobre los US$100 por barril, alimentando preocupaciones sobre persistencia inflacionaria en varias economías.

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Tasas largas en máximos y presión sobre deuda

El mercado de bonos ha comenzado a mostrar señales de estrés más profundas que las observadas durante episodios recientes de volatilidad. La ruptura sostenida del rendimiento del Tesoro a 30 años sobre 5% es una referencia simbólica para inversionistas globales.

William Marshall, economista de Goldman Sachs, escribió en una nota que “las tasas han funcionado como la válvula de alivio de presión” al shock energético.

Padhraic Garvey, director regional de research para América de ING, advirtió que el Tesoro a 10 años superó el 4,5% sin que aparecieran compradores relevantes, una señal de que el mercado todavía no encuentra un techo para las tasas estadounidenses.

Operadores trabajan en el parqué de la Bolsa de Nueva York (NYSE).

Por ello, ING elevó el riesgo de que los rendimientos escalen hacia 4,75% o incluso 5%, lo que añadiría más presión sobre monedas y deuda emergente.

Marshall agregó que la presión actual responde principalmente a riesgos macroeconómicos y no a problemas de absorción de deuda estadounidense. El banco sostuvo que “las preocupaciones por inflación son más agudas” y que los bonos dejaron de funcionar como cobertura eficiente de portafolio en el corto plazo.

Para gobiernos y empresas latinoamericanas, el problema no es necesariamente un cierre total de mercado, sino un aumento sostenido del costo de capital. Fortun sostuvo que “los emisores de mayor calidad todavía pueden acceder al mercado, pero lo harán a tasas más altas y con inversionistas más selectivos”.

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Entre, los sectores más sensibles al endurecimiento financiero, según Vargas, de Capitaria, están infraestructura, construcción, real estate y utilities, especialmente compañías con deuda denominada en dólares.

El analista también anticipó un escenario más complejo para renta fija emergente, donde los emisores deberán ofrecer mayores retornos para atraer capital.

Japón añade presión sobre los flujos globales

El ajuste de tasas no es exclusivamente estadounidense. Japón comenzó a mostrar señales de tensión que podrían alterar otra fuente histórica de liquidez global.

La sede del Banco de Japón (BOJ) en Tokio, Japón, el viernes 23 de enero de 2026.

Datos de la Asociación de Dealers de Japón, citados por Bloomberg, mostraron que inversionistas extranjeros vendieron en abril 81.300 millones de yenes netos de bonos japoneses de muy largo plazo, la primera salida neta desde diciembre de 2024.

El rendimiento del bono japonés a 30 años alcanzó además su nivel más alto desde que comenzó a emitirse en 1999.

El movimiento ocurre mientras el Banco de Japón reduce compras de bonos y normaliza gradualmente su política monetaria. Durante años, las tasas extremadamente bajas en Japón ayudaron a sostener estrategias globales de carry trade y demanda por Tesoros y deuda emergente.

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Fortun advirtió que si los rendimientos japoneses continúan subiendo “parte de ese capital tiene más incentivos para quedarse en Japón o reducir exposición externa”. Eso podría volver más frágiles algunas estrategias financiadas en yenes y aumentar la volatilidad en monedas emergentes.

Ese contexto agrega otra fuente de presión sobre América Latina. Una menor disponibilidad de capital global coincide con un momento donde varios gobiernos aún necesitan refinanciar deuda, mantener acceso externo y contener volatilidad cambiaria.

Rojas, del Banco de Bogotá, advirtió que ese escenario tendría efectos directos sobre países como Colombia debido a la dependencia del país de flujos externos para financiar su déficit de cuenta corriente.

A trader works during the Hawkeye 360 Inc. initial public offering (IPO) on the floor of the New York Stock Exchange (NYSE) in New York, US, on Thursday, May 7, 2026. Hawkeye 360 Inc. soared 30% after the provider of satellite-based signals intelligence for US government agencies raised $416 million in a US initial public offering priced at the top of a marketed range. Photographer: Michael Nagle/Bloomberg

El economista agregó que la presión no se limitaría a tasas más altas. La expectativa de un dólar más fuerte también aumentaría la presión sobre el tipo de cambio y los mercados de renta fija, en un contexto donde los rendimientos soberanos ya subieron de forma simultánea en Estados Unidos, Europa y América Latina.

Los inversionistas ahora observan de cerca cinco variables: inflación subyacente en Estados Unidos, evolución del mercado laboral, demanda en subastas del Tesoro, precios del petróleo y señales de la Reserva Federal. Vargas señaló que esos factores determinarán si el mercado de bonos entra en un cambio más estructural que golpee a los activos latinoamericanos.

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