Bloomberg Línea — El inicio oficial de El Niño vuelve a colocar al cacao entre las materias primas agrícolas más expuestas a un nuevo shock climático. Tras una corrección que llevó los precios desde los máximos históricos de 2024 hasta niveles cercanos a US$3.000 por tonelada este año, el mercado podría estar entrando en una nueva fase de incertidumbre.
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La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) confirmó la semana pasada el inicio de El Niño después de que las temperaturas de la superficie del Pacífico ecuatorial aumentaran con fuerza durante los últimos meses.
Al mismo tiempo, diversos modelos climáticos elevan la probabilidad de que el fenómeno alcance una intensidad inusualmente elevada durante la segunda mitad de 2026 y comienzos de 2027.
La preocupación no se centra únicamente en el clima. También responde a la situación con la que el mercado afronta este nuevo ciclo. El precio subió ayer 8,28% hasta los US$4.588 y en el último mes acumula un alza de 20%, aunque en lo corrido del año ha caído casi 25%.

Después de varios años de déficits consecutivos y de la crisis de oferta que impulsó el cacao por encima de US$10.000 por tonelada en 2024, las existencias mundiales siguen lejos de los niveles históricos que tradicionalmente han servido como colchón frente a interrupciones productivas.
Arkady Gevorkyan, analista de Citi, sostiene que el cacao se ha convertido en una de las materias primas agrícolas más sensibles a la evolución de El Niño, porque “su producción está altamente concentrada en las áreas más afectadas por este fenómeno meteorológico”.
Esa concentración explica por qué los mercados han comenzado a vigilar nuevamente las perspectivas para Costa de Marfil, Ghana y Ecuador, tres países que desempeñan un papel central en el suministro mundial.
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Un mercado que parecía normalizarse vuelve a mirar al clima
La narrativa dominante durante buena parte de los últimos meses había sido la recuperación de la oferta y el debilitamiento de la demanda.
Ignacio Canals Polo, analista de Bloomberg Intelligence, dijo los precios del cacao se redujeron aproximadamente a la mitad durante los últimos doce meses a medida que los consumidores absorbían el impacto de los elevados precios del chocolate y los productores de África Occidental mostraban señales de mejora.
La industria respondió mediante ajustes en formulaciones, reducción del tamaño de algunos productos y mayores precios finales, factores que terminaron afectando el consumo en varios mercados desarrollados.

Las moliendas del primer trimestre alcanzaron 325.895 toneladas en Europa y 106.087 toneladas en Norteamérica, mientras Asia procesó 223.503 toneladas. El volumen agregado se situó alrededor de un 3,1% por debajo del nivel de un año antes, reflejando una mayor sensibilidad de los consumidores occidentales al encarecimiento del chocolate, en contraste con una demanda asiática que continuó expandiéndose.
William Collins, analista de Yaru Investments, considera que el mercado ya abandonó la fase de escasez extrema que caracterizó a 2023 y 2024, pero advierte que tampoco puede considerarse completamente equilibrado.
En su opinión, el cacao ha entrado en un régimen de “normalización convexa”, porque la oferta y la demanda ya no muestran el mismo desequilibrio de hace dos años, aunque el sistema sigue siendo vulnerable a perturbaciones externas.
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Las previsiones oficiales reflejan esa aparente mejora. La Organización Internacional del Cacao (ICCO) proyecta para la temporada 2025/26 una producción mundial cercana a 4,7 millones de toneladas y un superávit de alrededor de 75.000 toneladas. Sin embargo, los analistas consideran que esas cifras podrían modificarse si las condiciones meteorológicas se deterioran durante la próxima campaña.
Canals Polo, de Bloomberg Intelligence, señala que “la transición hacia El Niño representa una posibilidad significativa, e infravalorada, de aumentar la presión sobre los precios del cacao”.
El especialista recuerda que el fenómeno altera los patrones de lluvia y temperatura en las principales regiones productoras y suele generar condiciones más cálidas y secas en África Occidental, reduciendo la humedad del suelo y afectando los rendimientos.

Citi mantiene su expectativa de que el cacao alcance US$5.000 por tonelada en un horizonte de tres meses y US$6.000 en los próximos doce meses. Gevorkyan considera que el mercado podría reaccionar con fuerza si las condiciones meteorológicas deterioran las perspectivas productivas en África Occidental y Sudamérica
La atención del mercado ya no se concentra tanto en la cosecha actual como en la campaña 2026/27, cuando el impacto de las nuevas condiciones climáticas podría hacerse más visible en la floración y el desarrollo de las mazorcas.
Inventarios bajos y producción concentrada elevan los riesgos
La principal diferencia respecto a otros episodios climáticos es el nivel de existencias disponible.
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Wells Fargo calcula que la relación entre inventarios y molienda alcanzó un mínimo histórico de 26,5% en 2024. Aunque la ratio se recuperó hasta 28,8% en 2025, sigue muy por debajo de la media histórica de 46%.
Esa distancia explica por qué un fenómeno meteorológico puede tener hoy un efecto mayor que en otros momentos. Con menos reservas disponibles, cualquier interrupción en la producción puede trasladarse con más rapidez a los precios.
La preocupación resulta especialmente relevante, porque la oferta mundial continúa extraordinariamente concentrada. Costa de Marfil aporta alrededor del 38,2% de la producción global y Ghana otro 12,4%. En conjunto, ambos países representan más de la mitad del cacao que consume el mundo.

Barclays recuerda que el episodio de 2023-24 alteró profundamente los patrones de lluvia en África Occidental. Las precipitaciones excesivas fueron seguidas por periodos de sequía que favorecieron enfermedades en las plantaciones y provocaron un fuerte deterioro de la producción. El resultado fue una escalada que llevó el cacao a niveles sin precedentes.
La experiencia reciente constituye una referencia relevante para los analistas, porque muestra la rapidez con la que puede cambiar el equilibrio del mercado. Tras aquella crisis, la corrección de precios fue igualmente pronunciada gracias a la recuperación parcial de la oferta y al debilitamiento de la demanda.
Ahora, el surgimiento de un nuevo episodio de El Niño vuelve a introducir incertidumbre sobre la sostenibilidad de esa normalización.
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En Citi, han revisado sus previsiones productivas para los principales países exportadores. El banco redujo en 120.000 toneladas su estimación para Costa de Marfil, en 30.000 toneladas la de Ghana y en 25.000 toneladas la de Ecuador. Como consecuencia, espera que el mercado evolucione hacia un déficit de 56.000 toneladas.
Gevorkyan advierte que “el establecimiento de mazorcas ha sido extremadamente débil para la cosecha principal”, una situación que podría tener consecuencias relevantes para el suministro procedente de África Occidental durante los próximos trimestres.
El mercado vigila si El Niño se convierte en un “super El Niño”
La cuestión central ya no es si El Niño existe, sino qué intensidad alcanzará.

Las últimas actualizaciones climáticas elevaron la probabilidad de un episodio fuerte. Citi señala que la posibilidad de un El Niño intenso o récord aumentó hasta 63%, frente al 37% estimado anteriormente. Wells Fargo cita una probabilidad cercana al 80% para su desarrollo durante este año, mientras diversos modelos mantienen abierta la posibilidad de un evento de gran magnitud.
Los antecedentes históricos ayudan a explicar la preocupación. Wells Fargo destaca que las dos mayores caídas de la producción mundial de cacao de la última década coincidieron con episodios de El Niño. La producción global retrocedió 6% durante el ciclo 2015-16 y se desplomó 12,9% en 2024.
Los efectos no se limitaron a África Occidental. En Brasil, la producción cayó 38,7% durante el episodio de 2015-16, mientras Ecuador registró una contracción de 11,1%. En 2024, Costa de Marfil sufrió una caída de 25,3% y Ghana de 31,3%.
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Canals observa que “los riesgos derivados de patrones meteorológicos adversos están reapareciendo” al mismo tiempo que persisten restricciones estructurales como la baja inversión agrícola, el envejecimiento de los árboles y la elevada concentración geográfica de la producción.
Los analistas también vigilan indicadores tempranos de la próxima cosecha. Bloomberg Intelligence ha señalado la debilidad en el conteo de cherelles, las pequeñas mazorcas en formación cuya evolución suele anticipar la calidad de la cosecha principal. Un número reducido de estos frutos puede convertirse en una señal de menor producción durante la siguiente temporada.
La vulnerabilidad va más allá del clima. Collins destaca que el 73% de los agricultores encuestados en Costa de Marfil no había adquirido fertilizantes para los próximos ciclos productivos, mientras solo el 2% había comprado la totalidad de los insumos necesarios.
El encarecimiento de los fertilizantes y la presión financiera sobre los productores podrían amplificar cualquier deterioro meteorológico.
Aun así, los analistas no contemplan, de forma generalizada, una repetición automática de la crisis de 2024. Wells Fargo considera que el escenario más probable sigue siendo un mercado con superávit, aunque advierte que los inventarios podrían mantenerse históricamente ajustados durante varios años.
La evolución de las lluvias en África Occidental, la intensidad definitiva de El Niño y la respuesta de la demanda tras las fuertes subidas registradas en los últimos años serán algunas de las variables que determinarán si el cacao continúa su proceso de normalización o vuelve a convertirse en una de las materias primas más volátiles del mercado agrícola.













