Bloomberg Línea — Los rendimientos de los bonos de EE.UU. retomaron las alzas este miércoles y regresaron a niveles no vistos desde 2002, en medio del repunte del petróleo y las preocupaciones por la inflación. El movimiento mantiene la presión sobre las condiciones financieras globales y vuelve a poner el foco en las economías de América Latina.
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La tasa del Tesoro a 10 años superó 5,30%, mientras la de 30 años alcanzó 5,72%, su mayor nivel desde 2002. Los nuevos ataques iraníes en el estrecho de Ormuz llevaron al Brent por encima de US$101 por barril y reforzaron las apuestas de que la Reserva Federal tendrá que mantener una política monetaria restrictiva.
Ese nivel mantiene vigente la presión que analiza Citi (C) para la región. Los gobiernos se financian en moneda local y en dólares, y sus curvas toman como referencia directa o indirecta las tasas de EE.UU., aunque la magnitud de la transmisión cambia considerablemente entre países.
“El reciente aumento de los rendimientos estadounidenses a largo plazo está actuando como una fuerza diferenciadora en América Latina, en lugar de un viento en contra uniforme”, sostienen Ernesto Revilla y Felipe Juncal, analistas de Citi.

Colombia, Brasil y México sienten más el impacto
México, Colombia y Brasil presentan la transmisión más fuerte y persistente desde las tasas de Estados Unidos hacia sus bonos soberanos a 10 años en moneda local, según el análisis de Citi, que estudia el efecto durante un horizonte de 24 meses.
Ante un incremento de un punto porcentual en el rendimiento del Tesoro a 10 años, las tasas de esos tres países aumentan aproximadamente entre 100 y 170 puntos básicos. El efecto se acumula durante el primer año y permanece estadísticamente significativo durante buena parte del segundo.
La reacción de Perú es más moderada, en línea con una posición fiscal relativamente más sólida y un menor volumen de deuda pública. Chile y Costa Rica registran una transmisión considerablemente menor y menos concluyente.
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En Chile, los factores internos pesan más que las tasas estadounidenses en la formación de la curva. Su respuesta estimada es de apenas 0,1 puntos porcentuales, mientras que las bandas de confianza cruzan cero durante periodos prolongados en el segundo año.
La calificación crediticia tampoco basta para anticipar la sensibilidad. México, pese a contar con grado de inversión, aparece junto a Colombia y Brasil entre los países con mayores respuestas de sus rendimientos. Chile y Perú, también con grado de inversión, están más protegidos.
“Los inversionistas y emisores no deberían tratar a la región como un solo bloque, y no deberían asumir que las agrupaciones de grado de inversión funcionan”, escribieron Revilla y Juncal.

La factura interna amplifica las tasas de EE.UU.
Citi descompone los rendimientos locales a 10 años entre la tasa estadounidense libre de riesgo, la prima por plazo de Estados Unidos, el riesgo soberano derivado de los CDS y un componente residual asociado con factores internos.
La tasa libre de riesgo y la prima por plazo estadounidenses aportan actualmente alrededor de 5 a 5,5 puntos porcentuales al rendimiento local de cada país. Es una base importada común, pero las condiciones domésticas determinan cuánto termina pagando cada soberano.
Colombia y Brasil sobresalen porque su componente residual se mantiene elevado y positivo, actualmente entre 4 y 7 puntos porcentuales. El informe lo vincula con condiciones internas como el deterioro fiscal, las expectativas de inflación y la liquidez del mercado local.
Chile muestra el comportamiento contrario. Su componente residual se volvió negativo recientemente, de modo que el rendimiento de su bono a 10 años está por debajo de lo que sugerirían conjuntamente la tasa estadounidense, la prima por plazo y su propio diferencial de CDS.
“Colombia y Brasil emergen como los más expuestos entre los países con datos confiables de sensibilidad de los rendimientos locales”, afirman Revilla y Juncal.
Ambos combinan una sensibilidad superior al promedio, de entre 1,0 y 1,3 puntos porcentuales, con deuda pública equivalente a entre 60% y 70% del PIB y balances de cuenta corriente negativos. Sus puntuaciones de vulnerabilidad alcanzan 77 y 71 sobre 100.

Perú y Chile, con mayor resistencia
Perú registra la menor vulnerabilidad del grupo, con 21 puntos sobre 100. Combina una sensibilidad moderada con una deuda pública de 28% del PIB, la más baja de la muestra, además de un saldo positivo de cuenta corriente.
Chile obtiene 43 puntos, apoyado en una sensibilidad mínima y un nivel de deuda intermedio. México se sitúa cerca de la mediana regional, pues su elevada reacción a las tasas estadounidenses queda compensada por un nivel de deuda comparativamente contenido.
Argentina requiere una lectura diferente. Su puntuación de 93, la mayor de la muestra, responde principalmente a las tensiones de liquidez externa y no a la transmisión de tasas de largo plazo, ya que carece de una curva comparable de rendimientos en moneda local.
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Citi advierte que las tasas estadounidenses más altas pueden incentivar una reasignación desde soberanos de mayor riesgo hacia activos seguros con rendimientos más atractivos, una variable relevante para Argentina ante un año electoral y para sus esfuerzos de estabilización.
“El aumento de las tasas estadounidenses a largo plazo está amplificando vulnerabilidades preexistentes en países que ya tienen mayores cargas de deuda y necesidades de financiamiento”, escribieron Revilla y Juncal.
Para Colombia y Brasil, la evolución de las tasas globales se cruzará con sus necesidades de financiamiento, deuda y desequilibrios externos. En Perú y Chile, la atención seguirá sobre cuánto pueden sus condiciones internas amortiguar una referencia estadounidense que permanece elevada.
Esta historia se actualizó a las 9:45 a.m. ET para incorporar el comportamiento de los mercados tras la apertura de Wall Street el miércoles.













