Qué es el Cinturón de Fuego y cómo se relaciona con los sismos en Latinoamérica

El 81% de los sismos más grandes suceden en esta zona. Dos expertos explican que si bien se puede identificar dónde existe mayor actividad sísmica, no se puede predecir el momento ni el lugar exacto.

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Qué es el Cinturón de Fuego y cómo se relaciona con los terremotos en Latinoamérica.

Bloomberg Línea — La seguidilla de sismos que han golpeado a Venezuela, Colombia y Perú “fue una coincidencia”, afirman los expertos, pese a que los dos últimos países tienen algo en común: hacen parte del Cinturón de Fuego del Pacífico.

El Cinturón de Fuego o Anillo de Fuego, como también se le conoce, es “la zona sísmica y volcánicamente más activa del mundo”, de acuerdo con el Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS).

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Con una extensión de 40.250 kilómetros que abarca los márgenes del océano Pacífico, el Cinturón de Fuego tiene una forma de herradura, que comienza en Chile y termina en Nueva Zelanda.

Allí se encuentran más de 450 volcanes y se ha registrado el 81% de los terremotos más grandes del planeta, incluyendo el de magnitud 9,5 en Chile (1960) y el de 9,2 en Alaska, Estados Unidos (1964).

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Qué es el Cinturón de Fuego y cómo se relaciona con los terremotos en Latinoamérica.

El USGS consigna que en el Cinturón de Fuego se originan tantos terremotos debido a su ubicación a lo largo de los límites de placas tectónicas, donde, en buena medida, “placas compuestas principalmente de corteza oceánica se hunden bajo otra placa”.

El ecuatoriano Rodrigo Rosero, geólogo y profesional en gestión de riesgos, explica a Bloomberg Línea que la tierra es “como un rompecabezas con grandes piezas o placas, incluso del tamaño de continentes, que se mueven constante y lentamente”.

Cuando dos placas chocan, o están peleando una con otra, sus bordes pueden atascarse. Mientras las placas continúan moviéndose, sus rocas se deforman y acumulan energía elástica.

“Entonces, cuando la energía acumulada se libera, puede producirse un sismo”, indica Rosero.

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El jefe del Instituto Geofísico del Perú (IGP), Hernando Tavera, detalla en Bloomberg Línea este fenómeno.

“A lo largo del Cinturón de Fuego del Pacífico o, en todo caso, alrededor de la placa del Pacífico, el contacto con los continentes es mayormente de manera frontal y eso hace que tengamos esta importante actividad sísmica”.

El porqué de los sismos en Colombia, Perú y Venezuela

En Latinoamérica, el Cinturón de Fuego se extiende por el margen del Pacífico de México, Centroamérica y Sudamérica, incluyendo a Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú y Chile".

Pero no todos tienen la misma actividad sísmica.

En Ecuador, Perú, Chile y el occidente de Colombia, una parte relevante de la actividad sísmica está relacionada con la interacción entre las placas de Nazca —al este de la del Pacífico— y Sudamericana.

La placa de Nazca, que es oceánica, se mueve hacia el oriente y se introduce debajo de la placa Sudamericana, que es continental. A este fenómeno se le conoce como subducción.

Cuando la energía acumulada por la convergencia entre placas se libera, lo hace en forma de ondas elásticas que sacuden el suelo.

Qué es el Cinturón de Fuego y cómo se relaciona con los terremotos en Latinoamérica.

¿Se puede decir que el sismo de magnitud 7,4 registrado en Colombia el 10 de agosto y el de 7,2 documentado en Perú el 20 de agosto se relacionan?

Tavera dice que “la única relación es que hacen parte del proceso de choque de la placa de Nazca con la Sudamericana”.

Ahora bien, el doblete sísmico del 24 de junio en Venezuela, con temblores de magnitud 7,2 y 7,5, estuvo vinculado con el contacto de la placa del Caribe con la Sudamericana.

“Los eventos sísmicos son cíclicos, pero no sabemos cuándo van a ocurrir; por ello, llamémosle de una manera muy sencilla a la seguidilla de sismos en Venezuela, Colombia y Perú: coincidencia, pues ocurrieron muy cerca los unos de los otros”, sostiene Tavera. “De todas maneras, estos eventos tarde o temprano tenían que ocurrir, pues son parte de este proceso de interacción de placas”.

Rosero y Tavera coinciden en que, como se conocen las regiones de choques entre placas, se puede identificar dónde existe mayor actividad o amenaza sísmica, pero no el momento ni el lugar exacto.

“Donde están las flechas, esas son las zonas de choque de las placas Nazca y Sudamericana. A lo largo de ellas, hay unas con mayor sismicidad y otras con menor”, dice Rosero (ver imagen).

Qué es el Cinturón de Fuego y cómo se relaciona con los terremotos en Latinoamérica

Rosero cita tres casos de terremotos relativamente recientes en una misma zona y los intervalos entre ellos. Sin embargo, enfatiza: “No se puede predecir cada qué tiempo va a temblar, pero sí sabemos dónde”.

En la provincia ecuatoriana de Esmeraldas, por ejemplo, hubo un sismo de magnitud 6,1 el 25 de abril de 2025 y otro de 6,0 el 26 de marzo de 2022. Y en Manabí, que limita con Esmeraldas, se documentó un terremoto de magnitud 7,8 el 16 de abril de 2016, según los registros del Instituto Geofísico de Ecuador.

Tavera, entretanto, explica por qué tiembla más en algunas regiones de Perú y Chile que en Colombia y Ecuador. Depende de la geodinámica regional.

“Si miramos Chile, la línea de costa es prácticamente vertical de norte a sur; la colisión de placas allí es directa y prácticamente de 90°. En Perú, hay un poco más de inclinación, por eso hay mayor sismicidad en el sur del país; en la parte norte es menor, al igual que en Ecuador y Colombia, donde también disminuye considerablemente”, comenta el jefe del IGP peruano.

El Anillo de Fuego, ¿una excusa ante los desastres?

Rosero advierte que el Cinturón de Fuego se ha convertido en la “justificación de las desgracias y de los desastres” en algunos países de la región. En ese contexto, afirma que el problema no está en la amenaza, en los sismos por sí mismos, sino en la construcción de infraestructura resistente.

“La problemática tiene que ver con la manera en que construimos infraestructura y la verificación del uso eficiente del suelo, con responsabilidad y sin corrupción”, ejemplifica el experto. “El único fiscalizador incorruptible es un sismo, porque es el que evalúa si tu construcción fue bien hecha o no”.

“Los sismos con magnitud superior a 5,0 aquí, en Ecuador, han ocurrido más o menos cada 10 a 15 años”, ahonda Rosero, con base en el registro histórico desde 1906.

Tavera comenta que, si bien Japón es un modelo a seguir en la adaptación de infraestructura “armonizada con la naturaleza”, o sea, que se adapte a los sismos, a las dinámicas del Cinturón de Fuego, Chile también es un ejemplo.

Chile ha tenido más de una docena de sismos grandes en el último siglo, relata Tavera, y con cada evento de este tipo, “aprendió a construir, pero además a tener cultura de prevención”.

Y países como Perú, donde no se presentan sismos de magnitud considerable a menudo, olvidan que son altamente sísmicos, añade el jefe del IGP. “Y eso quizá sea un error”.

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