Bloomberg Línea — América Latina no podrá competir en la era de la inteligencia artificial si no mejora su productividad y sigue dependiendo de la mano de obra barata como atractivo, advirtió André Maxnuk, presidente regional de Mercer y CEO de Marsh McLennan en México.
“Durante mucho tiempo América Latina atrajo inversiones no necesariamente por su productividad, sino por contar con mano de obra más barata y no siempre calificada”, comentó André Maxnuk en una entrevista con Bloomberg Línea por videollamada.
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Señaló que, si esto no cambia, algunas operaciones podrían migrar hacia mercados más eficientes y consecuentemente generar despidos de trabajadores.
“Creo que hay un interés genuino en la región por fortalecer las alianzas público-privadas para aumentar la inversión en desarrollo de habilidades técnicas y de mayor capacitación, con el fin de elevar la productividad y mantener un flujo sostenido de inversión en nuestros países”, señaló.
“Para mí el gran de riesgo no es la inteligencia artificial, sino cómo estructuramos y componemos nuestra fuerza de trabajo para que sea cada vez más productiva y capacitada”, apuntó en la entrevista.
El ejecutivo prevé que, con las políticas adecuadas, la adopción de estas soluciones contribuya en el crecimiento del ecosistema de startups, impulsando el desarrollo de talento e innovación.
André Maxnuk señaló que, aunque las aplicaciones de la inteligencia artificial se profundizan, la mayoría de las empresas aún la usa solo para mejoras puntuales de productividad.
“Solamente un 15% de las organizaciones están realmente cambiando su estrategia de largo plazo utilizando el potencial que viene de inteligencia artificial”, dijo el directivo.
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En este proceso, cree que más organizaciones van a repensar su modelo estratégico considerando los impactos de la inteligencia artificial y alineando este enfoque con visiones de largo plazo.
En este contexto, América Latina podría ganar relevancia si logra combinar las capacidades de la inteligencia artificial con un talento humano calificado.
“Creo que va a haber una especie de competencia, o incluso una ‘guerra’, entre los países para definir en qué áreas invertir en talento y productividad, de una manera que los haga más atractivos”, dijo.
Señaló que su visión sobre la inteligencia artificial es positiva, ya que, a nivel macro, considera que generará más oportunidades e incluso podría crear nuevos empleos.
Explicó que la IA potenciará a las personas para “producir más” y fortalecer habilidades cognitivas que son difíciles de automatizar.
Indicó que, más que una eliminación masiva de empleos, lo que se verá será una reconfiguración del trabajo.
Desde la perspectiva empresarial, afirmó que el objetivo seguirá siendo mejorar la productividad, en un contexto en el que el crecimiento económico depende cada vez más de la eficiencia.
Según el Informe de Tendencias Globales de Talento 2026 de Mercer, la escasez de talento es una preocupación importante para los altos ejecutivos en el mundo, con más de la mitad (54%) identificándola como su principal desafío en la fuerza laboral.
Además, el 59% de los líderes de recursos humanos reportan que atraer talento con habilidades digitales clave es su mayor reto.
Asimismo, casi todos los ejecutivos de alto nivel (98%) anticipan que la IA provocará reducciones en el número de empleados en sus organizaciones en los próximos dos años.
Desigualdad: barrera para la productividad

Las brechas sociales que restringen el acceso a educación, salud y desarrollo son el principal freno a la productividad laboral en América Latina, advirtió André Maxnuk.
El ejecutivo brasileño señaló que en América Latina persisten brechas sociales que no han logrado ser erradicadas y que limitan la productividad laboral, en la que es considerada una de las regiones más desiguales del mundo.
Y dijo que el envejecimiento de la población generará más desafíos hacia el futuro si no se adoptan políticas estructurales educación, salud y desarrollo.
“Mientras Suiza atravesó su proceso de envejecimiento en 200 años, nosotros estamos pasando por un proceso de envejecimiento en 50 o 70 años”, comentó André Maxnuk.
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Según los últimos datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), la productividad por hora de América Latina y el Caribe se incrementó un 2,2% en 2024 en comparación con el año anterior.
Sin embargo, actualmente la productividad laboral en la región crece a una tasa menor que la del resto del mundo.
Los países más productivos, como los de la OCDE, invierten en promedio el 2,5% de su PIB en políticas de desarrollo productivo, mientras que en la región apenas llega al 0,5%.
“Uno de los factores de la baja productividad en Latinoamérica son esas brechas sociales que no permiten una mejor inversión en educación y condiciones mínimas de desarrollo para una parte de la población”, comentó Maxnuk.
Según las encuestas de hogares citadas por la Cepal en otro informe, el 10% más rico de la región concentra alrededor de un tercio de todos los ingresos.
En la otra cara, el 10% más pobre recibe menos del 2%, “lo que conforma un patrón de concentración extrema que apunta a la necesidad de políticas integrales para reducir las profundas desigualdades estructurales persistentes”.
“Hemos generado brechas sociales importantes”, manifestó Maxnuk. “No es sorpresa tener en América Latina tantos gobiernos de izquierda que justo se posicionan en esas brechas sociales para buscar llevar mayor igualdad”.
El directivo citó encuestas de Mercer para indicar que el salario de un CEO puede llegar a ser hasta 100 veces mayor que el de un trabajador de nivel de entrada.
En economías más maduras, esa diferencia suele ser menor, alrededor de 30 veces en Estados Unidos o incluso cerca de 15 veces en Europa.
Explicó que estas disparidades no solo reflejan brechas económicas en Latinoamérica, sino que también se traducen en menores oportunidades en el acceso a educación de calidad y mejores condiciones de salud.
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Desafíos para impulsar la productividad

El presidente regional de Mercer afirmó que, si América Latina logra cerrar las brechas de oportunidades de forma más decidida, podría impulsar la productividad.
“Creo que eso va a ser un tema más presente en las agendas de los gobiernos”, consideró. “Algunos desafortunadamente todavía están más enfocados hacia el populismo que propiamente en una inversión más directa y mejorar la productividad”.
Según el ejecutivo, la región atraviesa distintas etapas en materia de productividad y desarrollo.
En términos generales expresó que la región aún no muestra una diferenciación clara de políticas estructurales para impulsar la productividad, ya que muchos países dependen de iniciativas puntuales o de condiciones específicas de cada economía.
Indicó que hay casos puntuales de avance, como inversiones tecnológicas en México —con hubs en Guadalajara— y esfuerzos similares en Brasil, con iniciativas en Río de Janeiro para desarrollar ecosistemas tecnológicos.
También mencionó que Argentina ha sido históricamente una fuente relevante de innovación y talento tecnológico.
“No hay una gran diferenciación de políticas para mejorar la productividad. Creo que estamos más o menos al mismo nivel y la competitividad se da a temas determinados”, apuntó.
En ese contexto, destacó que factores como la fortaleza institucional y la seguridad jurídica serán determinantes para atraer inversión y mejorar productividad.
Preocupaciones de los líderes empresariales

Maxnuk manifestó que en el contexto de Latinoamérica la principal preocupación de los líderes empresariales es la confrontación geoeconómica, así como la reconfiguración de las cadenas de suministro y los choques climáticos.
Los empresarios, según dijo, están guiando sus decisiones con base en el desarrollo la guerra arancelaria, los conflictos en Medio Oriente y Ucrania y las tensiones entre China y Taiwán, lo que termina siendo clave para la inversión directa.
Señaló que el mundo está en un proceso de reconfiguración y que las políticas de Donald Trump han aumentado la presión sobre este escenario, con una postura más activa de Estados Unidos.
Otras de las preocupaciones en el panorama empresarial de la región son los procesos electorales en países como Brasil, Colombia y Perú, de acuerdo con el presidente regional de Mercer.
Señaló que, desde hace algunos años, es “difícil” ver propuestas de centro. “Estamos variando siempre entre extrema derecha y extrema izquierda. Entonces eso genera una cierta ansiedad en lo que va a pasar.”
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Reconfiguración de la estrategia
Sobre las oportunidades, el presidente regional de Mercer señaló que las empresas deben crear valor a largo plazo mientras enfrentan una reconfiguración del mundo drástica.
“Las empresas están teniendo que luchar para sobrevivir este año, mientras al mismo tiempo ven cómo reconfiguran su estrategia de largo plazo”, señaló.
Dijo que esto es evidente en Latinoamérica, donde empresas multilatinas están revisando sus planes de expansión y crecimiento mientras lidian con “esas tormentas”.
Explicó que las organizaciones buscan transformarse con mayor agilidad, reconfigurando modelos operativos, talento y estructuras organizacionales, lo que se ha vuelto un factor clave de diferenciación de competitividad.
“Entonces, la mayoría de los clientes con los que hablo están buscando esta reconfiguración”, apuntó.
En visión del ejecutivo, Latinoamérica mantiene su atractivo para inversiones en infraestructura vinculadas al nearshoring.
Citó a México como el caso “más claro”, pero también mencionó a Colombia en la creación de hubs globales y regionales “con un sentido de diversificación de la cadena de suministro”, así como a Brasil, que está “recuperando posicionamiento” en este frente.
En materia de inversión extranjera, dijo que no observa una paralización de la misma pese a la incertidumbre global, aunque sí señaló las organizaciones en América Latina pueden ser “más tácticas” ante los ruidos geopolíticos.
“Puede ser que, en corto plazo, sean inversiones mucho más tácticas, mucho más enfocadas en esperar un poco expectativas de cambios de gobierno”, comentó el ejecutivo. “No veo una desaceleración de inversión extranjera en la región, pero sí movimientos más tácticos, de empresas que están viendo cómo lidiar con la especulación de largo plazo”.
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